La toma de decisiones entre los diferentes grupos de una organización determina el proyecto político que surgirá de ésta. No en vano los anarquistas apostamos por un modelo social libre de autoridad y es por eso, siendo acordes nuestros principios con nuestros fines, que la toma de decisiones dentro de los grupos anarquistas así como dentro de sus organizaciones no puede basarse de ninguna de las maneras en el principio de autoridad.
Con éste artículo pretendemos analizar dos sistemas utilizados en la toma de decisiones con sus matices y sus trampas, con algunos de sus mecanismos para hacerlos más acordes con nuestros principios o simplemente más eficientes en los tiempos, y suponemos que al hacerlo nos descuidaremos de muchos aspectos que esperamos que otros compañeros y compañeras apunten, contribuyendo al debate en torno a este punto. Son estos sistemas el consenso y el voto.
La unanimidad
El consenso por unanimidad nos parece en cualquiera de los casos, la opción idílica a la hora de tomar una decisión, entendemos por su significado que todas las partes están de acuerdo y comparten cada uno de los puntos expuestos para los que hay que llegar a una decisión, por lo tanto no hay debate posible, no es necesario acercar posturas o renunciar a posicionamientos en éste punto. Vemos cómo en este caso, nadie impone nada a nadie, los intereses y las posturas confluyen con lo que cabe esperar una implicación común de cara a llevar a cabo aquello que se ha decidido.
Entendemos que la unanimidad es un tipo de consenso o una parte de él. Aún así la hemos expuesto al principio por ser para nosotros aquello a lo que aspirar, nos interesa por tanto que las decisiones contribuyan en lo posible al acercamiento y la afinidad ideológica entre individuos y grupos y a la cohesión del grupo u organización en su práctica.
La búsqueda del consenso
El consenso es en la mayoría de los casos la forma en cómo tomamos nuestras decisiones en los grupos, asambleas o colectivos, así como en nuestra vida cotidiana con aquellas que nos rodean. Se basa en el mutuo acuerdo en torno a una decisión. Es decir, aunque partamos de posiciones idénticas, parcialmente distintas, o realmente distantes; acordamos tomar un posicionamiento intermedio o igual a una de las partes de una forma consentida y sin mediar la presión física ni social.
Para llegar a este consenso es necesario la mayoría de las veces el debate entre compañeras, para entender los posicionamientos de cada uno, para ver en que coinciden y en que divergen, para que cada una pueda prescindir de ciertas posiciones de cara a llegar al acuerdo si es necesario o para constatar que no hay un acuerdo posible.
La dificultad del consenso
Vemos como en la mayoría de los casos, los grupos o colectivos anarquistas han dedicado su actividad pública casi en exclusiva a la propaganda y la celebración de actos o actividades del tipo cultural. Quizá por la ausencia de luchas propias que necesitaran de respuestas rápidas o de una actividad dinámica, sumado a que la mayoría de grupos han desarrollado su actividad en base a la afinidad entre sus miembros de cara a incidir o participar de las luchas, hemos sido capaces de desarrollar un lenguaje extremadamente concreto y afilado en los términos, quizá debido a la importancia que ha tomado la transmisión escrita u oral de nuestros actos y opiniones. Esta concreción adquiere sus ventajas si todos compartimos un mismo código a la hora de comunicarnos.
Por poner un ejemplo: Nos hemos encontrado participando en espacios donde se hablaba de afinidad en el significado que le da la mayoría de la población, que es la atracción o adecuación de caracteres, opiniones, gustos u otras circunstancias que comparten dos o más individuos; y en esta situación varios compañeros y compañeras han reaccionado de una forma totalmente a la reactiva al considerar que se estaba utilizando el término afinidad de una forma totalmente errónea, tergiversando su real significado y contenido político; ante esta situación y teniendo códigos de comunicación muy distintos si no existe una voluntad común de entendimiento la solución fácil es la ruptura y la imposibilidad del consenso.
Por favor, no es la intención del artículo concretar el significado que le queremos dar al término afinidad. Lo que venimos a decir es que partiendo de la base de que los diferentes grupos y individuos venimos de trayectorias diferentes, de que inevitablemente nos topamos día a día con individuos y grupos con los que no compartimos los mismos códigos, se hace imprescindible una voluntad clara y constante de los grupos para el diálogo y el entendimiento para que no solamente sean los términos importantes, si no que las decisiones sean tomadas respecto el significado que exista detrás. Y si no existe esta voluntad y a lo que viene el artículo, pasa lo que nos suele pasar a todas, que las asambleas se hacen interminables en la concreción de los términos, los matices y significados que se le quiere dar a un simple panfleto o cartel, se hace interminable llegar al consenso y parte de ésta parálisis se debe a la incapacidad que mostramos para darnos cuenta de que muchas veces hablamos de las mismas cosas, con palabras diferentes.
A ésta incapacidad se suma a menudo el egocentrismo que todos tenemos y que mostramos en diferente grado según nuestra personalidad así como el humor que gastemos en el momento del debate.
Queremos expresar también que el consenso puede conllevar una serie de situaciones que se alejan de su voluntad igualitaria y horizontal. Esto puede darse cuando dentro del colectivo o de la organización hay partes o grupos que ejercen una presión sobre el resto, esto puede conllevar que aunque una parte no esté de acuerdo con una decisión, acabe cediendo por no sentir que está frenando el trabajo o las ideas de la otra parte, así como cuando una parte no tiene clara su posición y por miedo a retomar debates que ya se han dado o a defender posiciones socialmente mal vistas, se niegue a sí misma la palabra y la capacidad de vetar las decisiones tomadas por la parte dominante. En éste sentido creemos diferente la situación en que una parte tiene ganas de tirar adelante una determinada faena y aunque otra parte no comparta esas ganas e implicación, está de acuerdo con la faena en sí.
Estas situaciones se traducen como es lógico en una falta de implicación en los procesos, y en la faena derivada de las decisiones que se han tomado. Conllevando frustración y desencanto.
Igualmente, no negamos que existan multitud de ocasiones en las que sea imposible llegar a un acuerdo consensuado que satisfaga a todas las partes, es en estas situaciones donde para evitar una ruptura de aquí en adelante, se plantea la búsqueda de otras formas de tomar decisiones de una forma conjunta. Aquí entra a jugar el mecanismo del voto.
El voto
El voto representa la imposibilidad del mutuo acuerdo.
El voto surge ante la necesidad de tomar decisiones de una forma conjunta sobre temas o aspectos en los que no hay opiniones compatibles. Es en esta necesidad donde se sustenta el voto, ya que mediante él, una mayoría impone su posición respecto a una minoría. No significa esto que necesariamente los que forman parte de una mayoría siempre se encuentren en esta situación dominante, aún así pensamos que la existencia de la imposición que conlleva el voto no solo se basa en la autoridad de quien se es más en cantidad que no en cualidad, sino que además conlleva una serie de dinámicas internas totalmente ajenas a nuestra voluntad como anarquistas.
Cómo ejemplo decir que con la existencia del voto se limita el debate y el acercamiento de posiciones, esto se debe a que sabiendo que se puede ganar una votación, para que debatir y acercar posturas entre compañeros, para qué limitar nuestra posición cuando ésta puede llevarse a cabo íntegra. El voto al mismo tiempo crea bandos enfrentados, cuya voluntad acaba siendo encontrarse en esa posición dominante de cara a llevar a cabo sus iniciativas. Además, puede conllevar con facilidad el desinterés y la falta de implicación con aquellas decisiones que te han sido impuestas.
Cómo anarquistas nos oponemos a éste sistema que se sitúa a nuestro parecer lejos de nuestros principios de igualdad y horizontalidad. Y esta oposición se sitúa al mismo tiempo con nuestra voluntad de no querer organizar una sociedad de masas, puesto que la sociedad de masas debe tender a la mínima centralización. Cuánto más grande es el grupo, más se impone la necesidad de jerarquía para evitar la parálisis y por tanto es deber nuestro dotarnos de las herramientas de auto-organización necesarias para que esto no ocurra, para que los grupos y la sociedad puedan vivir siendo dueños de sus decisiones.
El voto proporcional
El voto proporcional se basa en la existencia de una proporcionalidad en las votaciones respecto la cantidad de militantes que tiene cada grupo. No tiene por tanto el mismo peso en una decisión votada un grupo con 5 militantes que uno con 20. Esto se debe a que la situación inversa resultaría injusta respecto a la idea de mayoría/minoría del sistema de votación. Surge cómo mejora del sistema de voto tradicional y a nuestro parecer el principio del que nace sigue siendo el mismo y por lo tanto nos parece un parche sobre un sistema que no consideramos acorde con lo que debería ser el funcionamiento de un grupo u organización anarquista.
La gestión del consenso
Igualmente queremos mostrar ideas sobre las que se tiene que gestionar el consenso de cara a evitar los roles de poder dentro de la organización o la parálisis de la organización a nivel teórico y práctico.
El consenso necesita ante todo de un tipo de comunicación específico, a menudo nos damos cuenta que hay personas dentro de las asambleas o reuniones que facilitan el llegar a acuerdos, esto puede ser debido a que ordenan lo expuesto hasta el momento y esto facilita al resto ver la situación en su totalidad, también puede ser debido a que sin llegar a posicionarse proponen soluciones intermedias que incorporen a todas las partes, o también puede ser debido a que incorporan en sus propias propuestas partes de las otras propuestas que sean compatibles. Todas estas situaciones parten de una comunicación que parte de la empatía y no de la afirmación del propio ego.
Cómo decíamos antes, la búsqueda del consenso requiere saber comunicarse con personas o grupos que no tienen porqué compartir los mismos códigos lingüísticos. Requiere también que la comunicación se establezca des de la voluntad común en vez del ego personal, cuántas veces hemos visto como dos personas dentro de la asamblea repiten una y otra vez los mismos argumentos sin que ni una ni otra se escuchen o entiendan, ni intenten llegar a un punto intermedio que satisfaga a ambos. Estas situaciones paralizan los debates y acciones y por tanto deben localizarse para poder ser trabajadas.
Otra cuestión imprescindible en referencia a como gestionamos el consenso viene a referirse en cómo entendemos la autonomía de los grupos o la forma organizativa a la que aspiramos. Por nuestra parte no necesitamos de una organización que de una visión única de lo que es el anarquismo en nuestra tierra, consideramos que ofrecer esta visión desde la organización sería obligarnos a tomar posiciones en problemas o situaciones donde quizás tenemos muchas opciones que mostrar. Aspiramos y creemos factible, que con el trabajo y el debate, los grupos vayan construyendo un discurso cada vez más afín en la diversidad de temáticas que queramos tratar, pero ha de ser el trabajo y la actividad los que forjen esta afinidad ideológica y práctica.
Creemos no obstante que sí que es necesaria una mínima afinidad discursiva a la hora de construir un proyecto organizativo como el que estamos forjando, ya que sin esa afinidad ideológica sería imposible plantear el trabajo en común y por tanto la herramienta que es la organización se vuelve inútil e innecesaria. Planteamos por tanto que los grupos han de encontrar los límites de esta afinidad ideológica sobre la que se construye la organización, para en adelante, mediante el debate y el consenso ir construyendo un discurso y praxis más afín cuando sea necesario y posible. Teniendo claro que partimos de esa base ideológica, y que nos es suficiente para trabajar conjuntamente de momento, no queriendo imponer decisiones que no puedan gestionarse mediante el mutuo acuerdo y requieran de herramientas coercitivas como el voto.
Para que esta situación no frene el trabajo dentro de la organización apostamos por creer que no todo el trabajo tiene que surgir de la totalidad de los grupos, y que la estructura organizativa tiene que dar posibilidad a que los grupos trabajen conjuntamente en propuestas que no todos los grupos quieran trabajar, o dando la posibilidad de que los grupos trabajen de maneras diferentes la misma problemática o campaña, es decir trabajar de forma paralela.
Esto se puede llevar a cabo mediante el sistema de adhesión, los grupos son libres de adherirse a una propuesta que no haya obtenido el consenso general o que no todos los grupos puedan asumir por nivel de compromiso. Este sistema requiere marcar de antemano que propuestas se hacen con la voluntad o necesidad de una posición común de toda la organización, o que propuestas pueden ser llevadas a cabo por una parte de los grupos. Igualmente habría que establecer la forma de vetar las propuestas que no llegan al consenso común debido a que entran en confrontación con la mínima afinidad ideológica pactada por toda la organización.
Por poner un ejemplo, creemos positivo que surgiendo la necesidad de tratar el tema de vivienda des del anarquismo y acordando unos mínimos discursivos en torno el tema (sin llegar al consenso en lo que hacer, ni en todos los matices ideológicos), haya cuatro grupos que hagan una campaña propagandística, un grupo se dedique a liberar espacios, y un grupo se dedique a dar charlas sobre la problemática en sí; entendiendo que si un grupo pide el voto para una organización política en unas elecciones municipales de cara a solucionar el problema de la vivienda, estaría entrando en confrontación con los acuerdos de la organización y por tanto se vetaría su trabajo o se expulsaría de la organización.
Apuntes finales
Entendemos que el consenso, existiendo mecanismos cómo los que hemos expuesto (la adhesión, el trabajo paralelo u otros), requiere de un compromiso mayor en el trabajo previo a las reuniones decisorias, requiere de la voluntad de trabajar conjuntamente, entenderse y ceder en aquello que creamos. Igualmente proporciona a la organización una cohesión ideológica y práctica que el voto impide. Quizá no sacaremos comunicados para todo aquello que ocurre en la actualidad, pero cuándo se saque uno, será realmente un posicionamiento de todas y cada una de nosotras; y si los grupos creen necesario sacar posicionamientos propios debido a que no hay acuerdo, quedará reflejado que dentro del movimiento existen diferentes opiniones que se respetan y pueden trabajar conjuntamente en multitud de aspectos.
No queremos un partido, si no una organización anarquista.
Acció Llibertària de Sants. Primavera del 2014.
Artículo publicado en “Clau de Volta”. Publicación para el debate en el proceso de construcción de una Federación Anarquista en Cataluña.